domingo, 5 de junio de 2011

Esta mujer, a diario pide el oír mis Palabras - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 21-22-23


En Sueño Profético vi dos mujeres de espaldas por un camino en el campo, y decían:

Hecho grande presencié un día cuando yo iba a lavar mi ropa. Oí por mi mismo camino un tropel de varios hombres hablando. Dejé mi cesto en el suelo, que en mi cabeza llevaba, y me aparté dando paso a Jesús, Dios y Hombre. Venía con varios: Unos, Discípulos suyos; y otros, que Lo iban siguiendo. Dijo el Maestro –porque así Lo llamaban los que Lo seguían–: “Allí me están esperando en la montaña, pero aquí voy a hacer el empiezo: Esta mujer, a diario pide el oír mis Palabras, pero Yo sé que no tiene tiempo como Yo no se lo dé, una vez que tiene 6 hijos y el marido está muerto para el hombre; ella tiene que llevar el alimento de la carne, ya que el del espíritu lo recibe de mi Padre. Hoy Yo le doy mis Palabras porque sé, serán dichas donde más las oigan”.

Hicimos todos corro y habló el Maestro. Yo oía, y con llanto contestaba. Se fue diciendo: “Siempre que emplees uno, verás ciento”.

Desperté, oí:

Aquí dice emplees, porque dar no podía.

Ella hablaba del Maestro y apenas Lo conocía.

Ya le daba bastante no dejar de referir lo que del Maestro oía.

Todos veían el cundir, que su salario cundía.

Ella oyó decir a uno, que ella tenía como hombre de conciencia, de buen trato y buena vida, estas palabras dictadas:

“He oído hablar al Maestro, y dice, que todos digan que su Palabra la oyen, que no nieguen su amistad, que el que se avergüence ante Él, Él lo avergonzará delante de su Padre”.

Esta mujer amaba tanto, que siempre pedía oír al Maestro.

Dios sabe que oírlo ella era oírlo centenares.

Ama como esta mujer, que Dios la busca para darle.


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