domingo, 26 de junio de 2011

Misterio de Amor a Dios - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 186-187-188


En Sueño Profético hablaban dos mujeres que tuvieron contacto con Dios Hombre. Las dos querían contar el hecho; una se llamaba Isabel, a la otra le decían Misterio; éste no era su nombre; esta mujer amaba tanto al Maestro, que a todo el que cogía le hacía que amara igual.

Le dijo Isabel:

–Cuenta tú el hecho, Misterio.

–Ya empiezo yo mi relato: “Yo no conocía al Maestro, y un día llegó uno a mi casa que tenía gran amistad con mi marido –al que mi marido lo tenía como un profeta– Empezó a hablar del Maestro, y al día siguiente fui yo en su busca, y sola hice mi presentación ante El Salvador. Dije estas palabras –cuando me vi delante de cinco que había–:

–¿Cómo me presento, si no me conoces?

Me contestó el Maestro:

–Ya te conocía antes de que mandara tu espíritu a tu carne. Tú sientes a Dios en Espíritu, y te falta tener amistad conmigo mientras Yo esté con Materia, para que mi Enseñanza te quede. Tienes marido y dos hijos, pero siempre llevas a mi Padre en tu recuerdo antes que a ellos. Bien puesto tienes el nombre que te pusieron los que no aman. Sigue mis Pasos sin miedo, ya que mi Enseñanza es esa: Dios antes que padres e hijos.

Desperté, oí:

Esta mujer amaba tanto a Dios,
que superaba al cariño
de los hijos y el marido.

Todo lo que a Dios agradaba,
era lo primero.

Ésta era una mujer joven,
de un aplomo sin compañero.

Los quehaceres de la casa hacía
y le sobraba tiempo
para ir y preguntar
lo que decía el Maestro.

Todos le veían un vivir,
un vivir con un misterio.

Un Amor que repartía,
de gozo que había dentro.

Cuando hablaban de los hijos,
de los padres,
y también de los maridos,
ella ponía la mirada
a donde habita el Altísimo.

Cuando el Maestro le dijo
que así era el Amor,
ya se descubrió el misterio
que envuelto tenía el Amor.

Ella tenía una lucha:
marido, hijos o Dios.

El Maestro se lo aclara,
y el misterio se acabó.

Pero ya queda de nombre:
“Misterio de Amor a Dios”.


***