sábado, 18 de junio de 2011

Ella se puso el castigo - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 108-109-110


En Sueño Profético decían:

Hay pecados que se hicieron y tú mismo te pusiste el castigo. Estos pecadores son los arrepentidos.

Dijo Magdalena:

Un pecador que se arrepienta de sus pecados por Dios, ya se pone su castigo. Cuando dejas de pecar, ves todo el mal que has hecho y ves el grande Amor de Dios, que Dios le tiene al hombre; ves que ya no puedes evitar lo que antes pudiste no hacer, y aquí ya empiezas a padecer; ves a quien pudo no hacer pecado y tú hiciste que pecado hiciera; ves a hombres que su sufrir te contaron y tú consejo les diste, consejo de hacer pecados. Cada vez que piensas esto, estás cumpliendo castigo, pero un castigo contento. Luego viene otro castigo, que tus lágrimas van al suelo cuando te encuentra el que sabe eres pecadora grave y no puede comprender que ya no vives en el pecado, que ya vives el castigo de amar lo que no has amado, porque el que ame a este Dios, no puede hacer pecados.

¡Es grande la penitencia, amar y querer borrar todo el mal de tu pasado!

Yo, cuando veía al Maestro, creía que borraba algo, Diciéndole: “No merezco, porque no haga pecados, ir besando tus Pisadas”. Y ya mi vista iba al suelo y lágrimas a mi cara.

Muchas veces Le oí: “Ya quedaste perdonada cuando dejaste el pecado.
Ve y busca pecadores, que ya sabes tú quitarlos de que estén haciendo daño”.


Desperté, oí:

Aquí cuenta Magdalena
que el sufrir de sus pecados
fue sufrir que ella se dio.

Fue sufrir, porque quería
borrar todo el mal que hizo
y poder decir a Dios:
Maestro, donde me ven,
Te buscan para el Perdón.

Tenía que ir explicando
cuando el Maestro la vio.

Tenía que hacer que vieran
un cambio de exclamación
como éste que aquí cuento:

¿Tú eres la Magdalena,
que escándalo das en Samaria?

¿Tú quieres ser ahora buena...?

¿Dónde están tus corpiños
y tus palabras aquellas?

¿Y tus trajes, todos buenos,
sin saber quién los costea?

¿Dónde has dejado tu mirada,
que la has cambiado por buena?

Aquella mirada fija,
que no podían contenerla,
y tú seguías mirando,
sabiendo que no eras buena.

Sabiendo que pecaría
el hombre que resistiera
la mirada de veneno
que tenía la Magdalena.

Ella se puso el castigo
de oír sus pecados
como todo arrepentido.

Pero pensaba el Perdón,
y ya quedaba el castigo
como rayito de sol.

Como cosa chiquitilla
que los años te borraron.

MAGDALENA


***