jueves, 2 de junio de 2011

Hombres del campo - Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 164-165-166


En Sueño Profético decían:

No hay cosa que más te alegre, que pensar que a Dios no ofendes.

No hay mayor tranquilidad que hacer lo que Él quiere. Lo que Él quiere, porque tú dejaste la Libertad y cogiste el “quiere”.

Todos los que están con Dios, ninguno va si no quiere.

Dios da tanta Libertad, que el que no ama cree que Dios no tiene Poder de Dios.

Cuando su Venida, menos Lo creyeron por la Libertad que dio. Anunció su Nacimiento y dejó Libertad para el que quisiera, Lo adorara; y el que no Lo quisiera, Lo despreciara y Le negara el sitio para su Nacimiento –Sagrario que a Él ocultaba, aunque todos veían Mujer y Madre–. Pero si en el Padre creían, tenían que haberlo creído en sus Palabras, en su Mensaje, en los hombres que adoraban a lo Infinito, a lo Eterno; tenían que haber aceptado las Palabras que aquellos hombres hablaban por Boca de Dios. Mayoría que decían estas palabras: “Vendrá Dios de Hombre a enseñarnos a amarnos y a odiar el pecado”, a quien le oías esto, eran hombres que pronto sabías la verdad; eran hombres del campo que tenían a Dios presente en el matojo, en el arroyuelo, en la tormenta; en el grano que cubrían con tierra, que se destapa para llevarles el sustento; eran hombres que con alubias ajustaban sus ingresos y sus pérdidas. Estos hombres, pronto el intelectual los descubre, porque sus palabras, no iban a la enseñanza del hombre.

Desperté, oí:

Este Mensaje empieza
con el Amor a Dios,
y termina,
con la intelectualidad del hombre.

Te habla de la Libertad que deja.

Te habla de su Venida,
que anunciaron los Profetas,
pero te dice Palabras
para que el hombre las lea,
y las conserve con él
como si fueran sentencias.

¡Hombres que con alubias ajustaban
sus ingresos y sus pérdidas!

Estos hombres se veía
que repetían Palabras
de las que Dios les decía.

Cuando hablaban de Dios,
repitiendo las Palabras
con tanta afirmación,
la mirada iba al cuerpo,
olvidándose la voz.

Echaban paso hacia atrás,
como resorte que llega,
que no puedes ocultar.

Si estos hombres a Dios aman,
aquí tenían que aceptar.

Porque Dios te pone juntos
el día y la oscuridad.


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