sábado, 13 de agosto de 2011

Aldea de Paz - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - Pag. 58-59-60


En Sueño Profético decían:

Si el hombre viviera la Presencia de Dios, todo lo hacía bien; lo hacía bien porque tendría presente: “esto es del agrado de Dios, y esto no”.

Dijo uno:

El que viva Presencia de Dios, ya Dios no lo deja; éste tendrá una actuación siempre de buena enseñanza y nunca se arrepentirá de sus actos; la Presencia de Dios la nota el que con éste trate.

Yo visité una aldea –cuando viví con materia–, que toda la aldea vivía la Presencia de Dios. Tenía la aldea hasta sus visitantes para llenarse de Paz. Allí acudían poderosos y humildes; allí acudían sanos y enfermos, por la Paz que respiraban; allí se veía a Dios sin Imagen, pero notabas su Presencia; los chiquillos los querían a todos, sin destacar diferencia; el que más tenía, llamaba a los amigos de los suyos, y todos comían en la mesa. Los mozos, ya anocheciendo, cuando llegaban en sus bestias, al que veían más viejo, le descargaban la leña, y dando su mano en la espalda, el más viejo sentía pena; sentía pena porque eso hizo él años antes, cuando veía trabajo y también vejez.

Desperté, oí:

Este vivir de esta aldea,
se puede llamar vivir.

¡Cómo heredan la Paz
y Dios no se va de allí!

Todo lo hacían sin trabajo,
pensando en Dios del Cielo.

Los niños cogían el pan
con sonrisa de este Cielo.

Los mozos daban las fuerzas,
que Dios mandaba del Cielo.

Y la vejez se sentía
“reforzá” por el consuelo.

La aldea vivía la Paz,
porque Dios vivía con ellos.


***