martes, 30 de agosto de 2011

No digas muertos a los Vivos - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 238-239-240


En Sueño Profético vi mucha gente, y uno dijo:

Éstos son los muertos
que sepultura ahí les dieron,
porque así los vieron: muertos.

Éstos son los que se nombran,
a veces, con mal recuerdo.

Éstos son los que no mueren,
porque así ellos quisieron.

Éstos son los que Dios manda,
los que ahí les dicen muertos.

Éstos son los que ven al vivo
y el vivo no los ve a ellos.

Éstos son los que quisieran
que el hombre fuera más bueno,
que a veces sirven de mofa
por el bien que ahí hicieron.

Éstos son los hombres santos
que llevan al cementerio
como si estuvieran muertos
y ya no siguieran viviendo.

Éstos son los que ven llanto
de lo que no se remedia
por falta de a Dios amarlo,
que este llanto no sirve
para borrar los pecados.

Otro dijo:

Yo creo que el hombre hace mal
lo que debería hacer bien hecho,
por creer que de verdad muere,
por no creer en la continuidad de la vida.

Si el hombre creyera en la Gloria
como cree en el entierro de la carne,
el hombre probaba a ser más bueno,
y puede que en esa prueba,
ya viviera en lo cierto,
en esta Vida de Dios,
que aquí no se nombra muerto.

Desperté, oí:

No queda muerto para Dios
el que ahí con Él viva.

Es un camino que anda,
que se aleja de la vida.

Que se aleja de la vida,
dejando ahí el pasado
como el grano en la espiga.

Como el grano en la espiga,
que tuvo que estar sujeto
hasta que en la siega sirva.

Cuando ya el grano lo sacan,
entonces vive la vida.

Y ya recuerda a la espiga
como el que entra en la Gloria.

Éstos son los que ahí mueren
para pasar este camino,
que estrecho llega a la Gloria.

No digas muertos a los Vivos
que Viven en esta Gloria.

Porque Dios le dice muerto
al que desprecia su Gloria.


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