jueves, 11 de agosto de 2011

Obediencia sin amor, no es obediencia - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 15-16-17


En Sueño Profético decían:

La obediencia sin amor, no es obediencia. El que obedece amando, no obedece, es que lo guía el amor del que le manda, que le manda sin pensar que no aceptará, porque al mandar ya sabe que ama.

Dijo uno:

Siempre que el Maestro mandaba, sabía que había obediencia. Cuando algunas veces no se hacía su Mando, era creyendo mejorar lo que Él había mandado, y entonces todo salía mal.

Un día, quería Pedro que el Maestro mandara a uno que siempre veía lo del Maestro con algún defectillo, y le insistió diciendo:

–Maestro, ¿por qué no le mandas como a nosotros? –esto delante del mismo que le faltaba Amor para dar aceptación a sus Palabras.

Dijo el Maestro:

Pedro, mi Mando no puedo darlo donde no cumplan mi Palabra, porque entonces es mando del hombre, y lo harían ofendiendo a mi Padre, porque lo harían con temor. Mi Padre quiere Amor a Dios Hijo y a Dios Padre, y Aquí ya mando Yo con el Mando de mi Padre.

Pedro se puso de pie con el rostro enrojecido, y dijo:

–Si merezco ser avergonzado, hazlo, pero que mi Amor crezca en tu Mando.

Y como siempre, después de la Palabra del Maestro, grande silencio.

Desperté, oí:

Pedro quiere que aquél que mucho iba a oír al Maestro, el Maestro le mandara como a ellos.

Y el Maestro no mandaba porque había curiosidad, pero Amor no.

Dios Hombre lo dejaba en su curiosidad para que fuera cundiendo los Hechos de los Discípulos con obediencia al Maestro.

Dios dejaba Libertad, sin mandarles como Dios.

Pero ellos, al presentarse, presentaban el Amor con obediencia delante.

Siempre había aceptación con contestación delante:

Si este Mando es de Dios, Él sabrá por qué mandarme.


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