domingo, 21 de agosto de 2011

Los dos tenían despertar, viendo ángeles primero - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - Pag. 137-138-139


En Sueño Profético decían:

No hay despertar con más gozo, que saber que ayer hiciste bien donde te necesitaban. Y no hay peso más grande, que despertar y tener que levantarte sabiendo que hiciste mal, un mal que pudiste remediar.

Dijo uno:

Si el que no se preocupa del que sufre, probara a preocuparse, le vería otro saber a la vida material y notaría descanso en su espíritu, porque el no querer ayudar a la cruz de otro, es grande peso en tus espaldas.

Si coges cruz con Dios
y sigues por donde Él te manda,
ya te mandará su ayuda,
y la cruz será de paja.

¡Pero qué gozo tan grande
cuando al despertar te digas:
“Hoy haré más que mañana”!

Cuentan Aquí, en la Gloria,
para que sirva de enseñanza,
que puedes hacer el bien
cualquier día de la semana.

Un repartidor de pan,
que con su bestia y serones
sacaba el pan a cargas,
dicen que hacía tanto bien,
que sin ser el dueño del horno,
a mucha gente alimentaba.

Le vendía tanto al horno
donde el trabajaba,
que una carga de pan diaria
el dueño le daba,
sabiendo el dueño que aquel pan
el repartidor no cobraba.
Todos los días le llevaba
una lista del hambriento
que jornal no ganaba.

Desperté, oí:

Uno que no tiene nada, da,
porque el que tenía le daba,
porque los dos,
la cruz de otros llevaban.

¡Qué tranquilos se acostaban:
el dueño, que era de Dios,
y el que le vendía las cargas,
que servía de recadero!

Él iba oyendo las penas,
y se las contaba al dueño.

Y la venta aumentaba,
y el negocio iba creciendo.

Los dos estaban de acuerdo.
El que repartía el pan
fue conocido en el pueblo:
¿Cómo vende tanto pan,
si no hay gente “pa” comerlo?

Los dos tenían despertar,
viendo ángeles primero.

Y nunca llegó el pesar,
pesar de remordimiento.

Si el hombre hiciera el bien,
siempre sentía un contento.


***