domingo, 14 de agosto de 2011

No vuelves, te quedas dentro - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 54-55


En Sueño Profético vi el campo con un camino. Por este camino iba mucha gente, y entre esta gente iba Dios Hijo. Había quien quedaba muy atrás de Él, y queriendo oír lo que el Maestro hablaba, empujaba con impaciencia a los que tenía delante, haciendo que éstos hablaran y alborotaran a todos los que iban oyendo.

Viendo el Maestro que los de atrás y los de adelante llevaban razón, se paró en el camino y pronunció estas Palabras:

–Vosotros que vais a mi lado queréis silencio y ellos quieren vuestro sitio. Justo es que el que quiera oiga al Hijo del Hombre.

Dijo Pedro:

–Maestro, ¿acampamos aquí y ya cuando todos quedemos enterados de tus Palabras, seguimos los terrenos de Judea?

–Bien dichas están tus palabras, Pedro.

Y se pararon sentándose cada uno de forma que todos vieran y oyeran a Dios. Salió el Maestro hablando que parecía el desierto del silencio que allí había, pues no había movimiento de saliva que tragaras, de respirar o de aliento. Allí veías las miradas al mismo Punto en silencio. Este Punto era Dios que a todos los tenía dentro. Una vez que les explicó la voluntad del Padre, empezaron a caminar.

Desperté, oí:

Fuimos por pueblos,
caminos y aldeas,
hablando ya sin descanso.

Había quien nos llamaba,
tan sólo por preguntarnos:
¿Podemos ir también nosotros
y al Maestro acompañarlo?

Contestábamos alguno:
¡De volver, no sabemos cuándo!
Puede que sea mañana,
o se quede esperando
al que le digas: “¡Ya vengo,
que me voy con el Maestro,
que lo he dicho y me ha aceptado!”

Pues había quien cuando se emparejaba con nosotros, a su casa no volvía.

Ya no podía vivir sin oír tanto: Maestro, ¿vamos a acampar aquí?

Y ya todas las miradas
iban a este Punto;
este Punto era Dios,
que a todos tenía dentro.

Si oyes hablar a Dios,
no digas ya mismo vengo,
porque si acampa este Dios,
no vuelves, que quedas dentro.


***