martes, 8 de julio de 2014

El niño del tío Pascual

En Sueño Profético decían:

No hay quien diga “quiero ver a Dios” y no lo vea, porque Dios está en espera de que el hombre lo busque. Pero hay quien coge el camino que sabe no lo va a encontrar, que camina a sabiendas va en contra de Él.

Dijo uno:

Esto que yo aquí cuento, fue contado por mi hermano a mí. Mi hermano tenía gran amistad con Felipe, el Discípulo de Jesús, y muchos días, cuando la faena terminaba, se agregaba a él y se reunía con el Maestro, como éstos le decían. En mi casa le decían Jesús, pero se acabó por decirle “Maestro”, ya que los Discípulos suyos se enorgullecían al nombrar la Palabra “Maestro”, que la decían sabiendo era Dios. Pero era Dios Hombre y enseñando, y ya, Él mismo, se nombraba “Maestro” en algunos mandatos que a sus Discípulos les mandaba.

Dice mi hermano, que un día cuando iban con el Maestro, al pasar por debajo de un puente, había una familia reliados en unas mantas que iban caminando por oír al Maestro, y allí acampados en aquel terreno, de día estaban en medio del campo, y de noche se metían debajo del puente; pues aquel puente lo pasaba el Maestro con frecuencia. Así estuvieron dos días.

Dice que llegó el Maestro y les dijo:

Ya me conocéis. Pude pasar al rato de que hubierais acampado, pero quiero que vuestro Amor a mi Padre, vean que lo continuáis al Hijo, y así verán no hay falsedad. Yo sabía vuestra ansiedad, pero no he querido que me vean allá, en el pueblo, hasta que mañana me vean en vuestra casa, que ya la visitaré casi a diario.

Desperté, oí:

Cuando el Maestro dijo: “casi a diario”, lo miraron los Discípulos como si no fuera Él.

¿Cómo decir el Maestro, “casi a diario”, cuando el tiempo venía corto y siempre iba por camino distinto?

Ellos sabían de la Enseñanza del Maestro, pero no sabían nada comparado con el Maestro.

Aquí se aclara: “casi a diario”:

Hizo de Dios y de Maestro, y ya veían al Maestro a diario.

De Maestro lo veían a menudo entrar en la casa de esta familia que vivían medio acomodados.

Y de Dios lo veía la familia a diario.

Sentían su Presencia, y siempre les dejaba algunas huellas.

Un niño de 3 años, cuando el Maestro no iba, el niño siempre les decía alguna palabra del sitio donde se encontraba el Maestro.

Esto fue cundido por todo el pueblo, y a caravanas, iban por conocerlo.

Cuando veían al Maestro decían:

¡El niño del tío Pascual
nos lo ha estado repitiendo
como borrego que bala
por estar lejos su dueño!

Dios te espera,
y si tú buscas,
ten seguro que lo encuentras.

Éstos sirvieron de ejemplo,
no porque Dios lo dijera.

Lo dijo cuando pasaban,
ver cerrada la vivienda.

Cuando luego lo contaron,
ya no cerraban la puerta.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 140-141-142