lunes, 7 de julio de 2014

La tristeza te hace enfermo aunque enfermedad no tengas

En Sueño Profético hablaban de la tristeza, de la pena y de la alegría, de la inquietud en el deseo, de la avaricia. Esta palabra y la del empiezo del Mensaje son de donde salen las peores actuaciones, que te apartan de la oración.

Estas dos actuaciones te ponen pidiendo a Dios: una, con lo que no necesitas; y otra, pensando con gran desconfianza y siempre con cansancio de espíritu. Que este cansancio lo lleva el espíritu al cuerpo.

La pena es la respuesta de un grande sufrimiento. La pena -pero con Dios–, llamándolo, queriéndolo y sacando las reservas de las fuerzas que se reflejan en tu cuerpo, ya ves pena y alegría, difícil el entenderlo el triste y el avaricioso.

Desperté, oí:

¿Cómo comprender la tristeza,
que la pena, que es más grande,
sea amiga de la Alegría,
de la Paz y la Esperanza?

Al avaricioso le llega
inquietud con ira.

Exigencia en lo que a Dios Le pida.

Y en esta actitud,
la oración se retira.

La oración pensando en el sufrimiento
y con la Confianza en Dios,
no te llega la tristeza.

La tristeza te prohíbe petición,
y ya nada te alegra.

La tristeza te hace enfermo
aunque enfermedad no tengas.

La alegría del espíritu
le puede a la tristeza.


***

Libro 19 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pag. 142-143