jueves, 17 de julio de 2014

Joya que despierta Amor y envidia

En Sueño Profético hablaba Teresa de Ávila. Decía:

El Amor a Dios te lleva
al sitio que Él se encuentra.

El Amor a Dios es
joya que tú presentas,
es adorno que te miran
porque la joya despierta
Amor, y a veces envidia.

A los que despierta Amor
son a aquellos que admiran
esa intimidad con Dios.

Y los que cogen envidia
son los contarios de Dios.

Cogen envidia a que ames
a lo que ellos olvidan.

Cogen envidia al bien
que está esperando que digan:
Puedo ser como Teresa
o como cualquiera que diga:

Mándame, Señor, tu Mando,
que sin tu Mando no es vida.

Mándame, Señor, caminos
de rosas o bien de espinas,
que si vienen de tu Mando,
los pinchos harán caricias.

Mándame lo que Tú quieras
por ser Dueño de mi espíritu,
de voluntad y pensamiento.

Mándame que yo te sirva
como Te sirvieron aquellos
que componían los nombres
de Andrés, Juan, Mateo, Pedro,
de Felipe o de Lucas,
de los muchos que quisieron
hacer servicio al Maestro
para cundir que era Dios
que había bajado del Cielo.

Si esto pidieran los hombres,
quedaría envidia en silencio
y habría lucha de espadas
por querer ser hombre bueno,
por defender a este Dios
que el hombre no quiere verlo.

Pena me daba en la Tierra
de oír tanto desprecio,
y gozo tengo en la Gloria
de pensar que iba sufriendo
pero nunca me callé
ocultando a Dios del Cielo.

Desperté, oí:

No podía perseguirme
el que a Dios quería amarlo.

No podía perseguirme
el que veía mi llanto.

Y ya, el que me veía
caminando por el llano
o bajando por el cerro,
siempre de mi Dios hablando,
no podía perseguirme
si se decía cristiano.

¡Ay hombres, que a Dios no piden
que Dios les mande que hagan
un solo día de servicio
cualquier día a la semana!

¡Ay hombres, que no reforman
el adorar las Palabras
que Dios manda en esta Gloria!

Yo, cuando vivía ahí,
decía vivir a la vida
porque ya vivía Aquí.

¡Ay vivir, que dices vida!
¡Ay vivir, que no es vivir!
¡Ay vivir, que fue la muerte
cuando yo empecé a vivir!

Si otra vez viviera muerte,
y fuera Mando de Aquí,
me dejaría esta Vida
tan sólo para a Dios servir.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 216-217-218