miércoles, 30 de julio de 2014

Por Filtros Divinos pasando

En Sueño Profético decían:

Elegido en esta medida no lo busques, que no lo encuentras.

Elegido que hable del Sitio donde está Dios Padre y Dios Hijo, dándole Aquí explicación para enseñar ahí al hombre, esto no lo encuentras ahí, porque Aquí Dios no lo ha traído. Y el que quiera enseñar de Aquí sin haber venido, puede condenarse si se sale de las Palabras que están dichas por el mismo Dios.

Para llegar a esta Intimidad, el espíritu sin el cuerpo tiene que haber pasado por los filtros de la Aceptación, de la Caridad y de la grande Obediencia a este filtro, que el espíritu hace que por él pase la materia. Ya esta materia comprende y acepta con facilidad, igual que los muertos que Aquí están Vivos. Pero aunque no veas cuerpo, el cuerpo siempre ensuciarán, aunque le des mucho aseo. Porque lo ensucia el espíritu, si no es espíritu de Dios.

Que esta Enseñanza te descubre las actuaciones en contra, las que no van por el Camino de Dios y en tu interior lo sientes.

Dijo uno:

¿Quién no habrá leído estos Mensajes y le habrá dado gran contento, y otros, de ira, al leerlos se habrán llenado por dentro?

Estas Palabras llevan atracción buena, o te llenas de veneno por no querer que sean para llevarlas al cuerpo cuando el espíritu aún le da vida.

Tiene Aquí que estar bien enseñado el Instrumento, porque el “no”, al “sí” lo hace enano.

Desperté, oí:

Este Mando que da Dios
para traer al espíritu
y luego darle más Mando,
tiene que estar este espíritu
por Filtros Divinos pasando.

Tiene que estar
a una disciplina voluntaria.

Tiene que decir:
“Señor, siempre tu Mando espero”.

Siempre confiar en Él,
por saber que es Eterno.

Traer todo lo pasado
delante del pensamiento.

Lo pasado de alegría,
no pasado en sufrimiento.

Que es lo que hacen
los que no creen en el Cielo.

El sufrimiento se borra,
como Dios olvida lo del Madero.

Si Dios esto no olvidara,
habría retirado el Perdón.

Y el milagro lo encerraba,
que siempre lo tiene suelto.

Pero el hombre no lo ve
por lo lejos que vive sus Palabras.

Di: “Señor, qué Bueno eres,
que mandas a diario tus Palabras”.


***

Libro 17 - Investigacines a la Verdad - Tomo II - Pág. 185-186-187