domingo, 13 de julio de 2014

Perdón y Misericordia

En Sueño Profético hablaban de la Misericordia de Dios. Decían:

Dios tiene Misericordia al oír: “¡Perdón Dios mío!”. Pero no puede esperar a que tú sepas que Él perdona y en tu pecar y pecar tengas como una reserva: que tendrá Misericordia cuando dejes de pecar. Este pensar, el que lo piense, se queda sin perdonar.

Voy a referir un hecho que delante de mí pasó:

Estando una mañana Jesús, el Salvador de los Hombres, en la puerta de unos primos míos y que yo visitaba con frecuencia por ir el Maestro, como ellos le llamaban, pasó una mujer que hacía vida pecadora y a muchos arrastraba al pecado. Quiso dar su saludo, y la Fuerza del Maestro le detuvo las palabras, y no podía unirlas para que saliera palabra. Ya dijo el Maestro:

“Esa mujer peca a sabiendas de que mi Padre está en el Cielo y de que Yo estoy en la Tierra enseñando a vivir sin pecar, porque pecado es desprecio a Dios que manda desde el Cielo y a Dios que está en la Tierra entre el hombre, siendo Yo el único Dios que enseño y mando desde mi Gloria, porque sólo hay un Dios y sólo un Cielo”.

Y siguió hablando de su Misericordia:

“Yo no puedo tener Misericordia con quien espera dejar de pecar cuando ya no pueda pecar. Aprended bien mis Palabras para que cuando Yo falte de Carne –porque de Espíritu siempre estaré–, no quieran que las mismas Palabras sirvan para todos los hombres”.

Desperté, oí:

¡Cómo te aclara el Perdón y la Misericordia, que es lo mismo!

¡Cómo te hace pensar que si pecas a sabiendas que Dios te perdona, Misericordia no llega!

Esta grande pecadora, pecaba y se llevaba a hombres que eran buenos si no les ofrecían pecado.

¿Cómo Dios Padre y Dios Hijo iban a tener aquí Misericordia del Cielo?

¡Si pecaba por pecar y a Dios quería tener para poderle mandar que le mandara el Perdón y quedarse perdonada!

Ésta no es la Enseñanza de emplear la Caridad y la Misericordia de Gloria.

Misericordia la da cuando tú hiciste pecado por olvidarte de amar.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - Pág. 207-208-209