lunes, 6 de octubre de 2014

Aprende a servir a Dios dejando sacrificio a un lado

En Sueño Profético hablaban del hombre para el hombre, y del hombre no para Dios:

El hombre a Dios no Le da nada, y si Le da algo, siempre es con cambio o diciéndole: “Yo ya Te he hecho bastante”.

El hombre le lleva la cuenta a Dios de lo mal que el hombre hace, que el mismo hombre es culpable, pero no Le dice a Dios:

Señor, yo quiero que Tú me mandes
como a la lluvia y al Sol,
sin que caso yo haga a nadie.

Señor, si tu Mando me faltara,
despreciaría mi carne.

No quiero ser esclavo tuyo,
ni sacrificado notarme;
quiero tener Libertad,
y seguirte por amarte.

Si el sacrificio llegara
a mi espíritu y a mi carne,
mándame la muerte pronto,
por no servir para amarte.

Y luego dame el castigo,
sin que eterno sea apartarme.

Y si fuera merecido tu castigo,
yo acepto, Señor,
lo que Tú mandes.

Desperté, oí:

Aprende a servir a Dios
despreciando ser esclavo.

Aprende a servir a Dios
dejando sacrificio a un lado.

¡Cómo te hacen pensar en la Gloria,
para que pienses,
que si te haces esclavo,
haces Mando sin Amarlo!

Y ya, si el sacrificio lo vives
haciendo sacrificio a Dios,
serás preso con condena.

Contando el día y la hora
para abandonar prisión.

El Amor a Dios, tú exiges
que el Mando sea mayor.

Porque a mayor Mando,
más cerca estás de Dios.  

El hombre le sirve al hombre
por recibir unas monedas
o por ser un personaje en la Tierra.

Y se olvida
del servicio de este Cielo.

Que la moneda que paga
es vivienda
en el Reino de los Cielos.

Y te ofrece la Amistad,
Dios Único, Omnipotente,
en la Tierra y en el Cielo.

¡Qué alegría el que sienta su Mandar,
y lo haga contento, pisando la Libertad!

Éste no se dice esclavo,
porque se cree pecar.


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C3