miércoles, 22 de octubre de 2014

El espíritu del mal tiene dominado al mundo

En Sueño Profético decían:

Si no conoces a los espíritus, no conoces a las personas.

Los espíritus que no están en la Gloria de Dios son espíritus malos y hacen servicio a Satanás. Éstos actúan en la persona y, a veces, parece normal su actuación, dando razones de engaño que convencen al que no piensa:

“¿Quién me estará aconsejando, si esto que voy a hacer o estoy haciendo, a Dios no puede alabarlo porque va en contra de sus Mandamientos?”.

Dijo uno:

El espíritu del mal tiene dominado al mundo, porque el hombre abre puertas al mal y las cierra al bien.

Si al mal se persiguiera cumpliendo las Palabras que Dios enseñó y manda enseñar, nadie aprendería a ser malo, porque a nadie le verías actuación de pecado.

El espíritu cuando no está con Dios, tiene puertas abiertas a acción de pecado.

El hombre pone su saber pensando y diciendo: “A mí no me hables tanto de pecado. ¡Eso, a los niños de poquitos años!”.

Si el hombre supiera que está perseguido por espíritus malos, vería en momentos al mismo diablo.

Pero si tú aprendes a conocer la materia cuando él la está mandando, pronto dices: “Satanás, vete de mi vista, que conmigo has fracasado”.

Desperté, oí:

Si quiere el hombre saber
si existe el espíritu del mal,
donde haya un Elegido,
que siga su caminar.

Y verá cómo lo tratan
y los golpes que le dan.

Pocos, muy pocos,
defienden el Lugar.

Ahora piensa despacio:

“¡Si el consejo que me da
es que yo viva la vida
pensando en el Más Allá!”.

“¡Pensando que soy cerilla,
que mi vida antes se puede apagar
que el durar de una cerilla!”.

Estas son las Enseñanzas que te da
el que Dios hace que viva
Vida de Gloria sin cuerpo.

Porque Aquí,
el cuerpo no tiene vida.

Si no tienes esta Enseñanza,
jamás puedes comprenderlo.

El espíritu presenta
de varias maneras al cuerpo.

Y si no entiendes acción,
no sabes cómo es por dentro.

Este Arrobo ha hecho escenas
como si viviera cuerpo.

Que sirve para conocer,
el mal o el bien,
el Instrumento.


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Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - Pag. 102-103-104-105