lunes, 20 de octubre de 2014

Ojos abiertos

En Sueño Profético decían:

El ciego puede ver lo que no ve el que vista tiene.

Hay cosas tan verdaderas, que la vista no hace falta.

Comparemos una de ellas:

Para amar a Dios del Cielo,
los ojos cierras primero.

Si quieres saber por saber,
ver por ver,
e investigar por investigar,
ten por seguro
que vista y saber
no te sirven para “na”.

El ciego puede ver
lo que tú con vista no ves.

El ciego, con su palito,
puede el peligro ver,
que tú teniendo vista,
caíste más de una vez.

El ciego puede ver
lo que tú con vista no ves.

El ciego ya ve la Gloria,
¿“pa” qué más vista tener?

Decía un ciego ya santo,
que si hubiera tenido vista
sin hacer servicio a Dios,
mil veces vivir y ser ciego,
y luego verse con Dios.

¿Para qué quieres la vista,
si no sientes el Amor,
y por más que veas claro,
no ves la Huella de Dios?

Yo, con mis ojos sin ver,
cierro y veo resplandor,
y sé donde Dios elige,
porque éste antes amó
al Prójimo y al humilde,
porque allí estaba Dios.

Yo veía esto sin ver,
por llegar su Resplandor.

Tener vista, ya es un premio,
premio que viene de Dios,
pero ensuciando este premio,
ciego te quedas “pa” Dios.

Desperté, oí:

Este santo, que era santo,
antes de quedarse ciego,
era santo para hablarle
a todo el que él veía viendo.

Porque él veía a aquel
que hablaba de Aquí del Cielo.

Si tienes ojos abiertos
y dices que vista tienes,
¿cómo no ves que Dios habla
en el Lugar que Él quiere?

Hay más ciegos que con vista
la Voz de Dios desconocen.

Pues si dices que no ves,
cuando Dios dice que veas,
no te tengas porque ves,
y a Dios pídele que veas.

Dios, cuando se deja Ver,
da el Ver a la inteligencia,
que le da un Ver tan claro,
que supera la Vivencia.


***

Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - C5