lunes, 13 de octubre de 2014

Tu tiempo sea para que oigan esta Enseñanza

En Sueño Profético decían:

Hoy va la Enseñanza para el Portavoz y para que quede escrito el Mando que Dios da en su Reino.

Si otro recibiera Enseñanza como tú, en espíritu, que es la máxima, oye y conversa. Y ya, en un acuerdo con este Mando que Dios diera, unidse, porque es la misma Fuerza.

Pero del que habla de los libros o de lo que otro hombre hubiera enseñado, aparta palabras y habla lo que Aquí te dan, que no es de libros ni dicho de otro hombre, que es dicho por el mismo Dios.

Tu tiempo sea para que oigan esta Enseñanza y para buscar al pecador, que esto fue lo que Dios hizo cuando pisó la Tierra.

Dios no se hizo Hombre para oír lo que otros dioses dijeran, una vez que sólo hay un Dios y Ése era Él: el mismo que hoy hay en el Cielo y en la Tierra.

Dijo uno:

Poco hay que aclarar para el que aclaración quiera. Que, ¿cómo ir los Discípulos con el Mando del Maestro y oír otras palabras que quitan y ponen a su Enseñanza?

Esto es guardar oro falso y tirar el auténtico; no estar seguro del brillante y no intentar venderlo por no saber el valor y el alto precio, y aceptar lo que te ofrecieran. En cambio, el que está seguro de que es un buen brillante, no admiten que le den precio.

Pues, ¿cómo a un espíritu le van a enseñar en Gloria para que enseñen sus Libros, y va a oír enseñanza que quitó lo que Dios dijo, lo que quedó para la eternidad de los siglos, siglos y siglos, amén?   

Desperté, oí:

Tu tiempo sea para que oigan estas Palabras.

Pero no para oír al que de Dios quiera hablarte con la reforma que el hombre le ha dado por falta de estar seguro de esta Existencia.

El gran teólogo, si ama a Dios, debe coger el tiempo para oírte a ti, no para que tú oigas al teólogo.

Una vez que Teología es Dios, Lenguaje de Dios para el hombre.

Pues, ¿qué teólogo puede enseñar a un espíritu que tiene arrobo a diario e Iluminación constante?

El que no comprenda este Dictado, toma aposento en él la vanidad.

¿Quién le va a hablar, al pez, del agua?

¿Ni al que haya pasado el desierto, de la sed?

Hay cosas con tanto ajuste, que ajuste no podría ser el querer poner en lo que no da la vuelta, porque quedó en una pieza lo que ajustó antes que esté viniera.

Diciendo: “Dios me lo ha dicho” di amén y lee los Libros.


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Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - C3