martes, 14 de octubre de 2014

“Tú entras, y tú no pasas”

En Sueño Profético contaban un Hecho de gran Enseñanza que el Maestro hizo en casa de unos de alto relieve. Éstos, sí hacían lo que el Maestro mandaba, pero unos de los amigos de estos dueños no estaban muy de acuerdo con los que buscaban al Maestro y habían sido grandes pecadores, ni con los que iban con aspecto humilde por sus vestimentas. Allí se juntaron para oír al Maestro. Pero el Maestro sabía que en la calle habían quedado los que darían todo a cambio de que el Maestro les mandara algo para ellos decir: “vamos cumpliendo su Mando”, como oían a sus Discípulos.

Pues fue llegar a la casa y les negaron la entrada, diciendo que ya salía el Maestro. Esto lo dijeron a sabiendas de que tardaría más de una hora, por corta que fuera su Enseñanza.

Sabiendo el Maestro todo, tarda aún más, para dar mejor luego en la calle, la Enseñanza a los que esperaban fuera. Les hace sentir Amor con llamas, y a más tardar en salir, más ruegos hacen al Padre. Unos, en pedir Perdón y dar gracias al Padre porque el dueño de la casa los dejó esperar sabiendo que habían sido grandes pecadores. Y los pobres de ropas daban gracias a Dios porque aquellos que llevaban telas de seda, tuvieron grande diálogo con ellos y les ofrecieron sus casas para socorrerlos en sus necesidades. Ya se oyó abrir aquellas grandes puertas y la Presencia del Maestro.

Sigue el Dictado el mismo que vivió el Hecho:

Quedamos avergonzados todos los que íbamos saliendo, cuando vimos aquella gente tan humilde, y un contento que sus cabezas quedaron a la altura de nuestros codos por estar todos de rodillas. Se paró el Maestro y les hizo que se pusieran de pie para Él hablar. Éstas fueron las primeras Palabras:

“Seguidme, como vosotros habéis elegido. Éstos que están antes que vosotros, que sigan antes a mi lado. Y vosotros quedad atrás, como estáis saliendo. Si lo hubierais hecho como agrada a mi Padre, los hubieseis entrado y les hubieseis dado el mejor sitio, y vosotros os hubierais quedado los últimos, y ahora estarías los primeros. Nadie puede juzgar al hombre ni darle el perdón obligando a mi Padre, porque Mi Padre y Yo, somos un solo Dios para juzgar y perdonar”.

Desperté, oí:

Si estudias esta Enseñanza,
ves a Dios más Dios todavía.

Si estudias al que pecó,
al humilde y al que bueno se creía,
no puedes el dar razón.

Porque Dios es enseñar
a que quites del pecado,
y que comida y ropa
le des al necesitado.

Perdón Le pidió al Maestro
el que les negó la entrada
a pecadores y mal puestos.

Mal puestos de ropas viejas,
pero espíritus contentos.

La alegría se la daba,
sin saber ir los primeros.

¡Buena Enseñanza recoge el dueño,
por permitir a uno que a Dios no ama,
que se pusiera en la puerta:
tú entras, y tú no pasas!


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C6