sábado, 4 de octubre de 2014

Juzgué sin saber juzgar

En Sueño Profético decían:

Si quieres saber verdad,
desafía a la mentira
persiguiendo a la verdad,
y cuando veas verdad,
entonces dirás:
“¡Dios mío,
juzgué sin saber juzgar!”.

Dijo uno:

En la verdad del Elegido,
si éste es para enseñar,
le verás medir el peso,
y el peso siempre será el pesar
acarreando al hombre a no pecar,
predicando con el ejemplo
de que a Dios tienes que amar
por encima de los techos
que a veces el sufrir pondrá.

A más sea tu sufrir,
tú agranda más el amar,
que el sufrir se irá achicando
porque le puede el amar.

Deberían ponerle marco
a las Palabras que en Gloria
dictan para enseñar.

Y alfombra de plumas
por donde el Elegido pisa,
para que más durara su caminar.

Si tomaran su consejo
como sediento que bebe agua,
pocos sedientos habría
sin beber estas Palabras,
y todos comprenderían
la razón del que aquí habla.

Es acarrear al rebaño
no devolver la palabra
si te la dio con insulto;
recordar estas Palabras:
“Si no he hecho mal,
¿por qué Me ofendes?
Y si he hecho mal,
demuéstramelo”.


Si todos los hombres amaran,
ésta sería su reacción:
copiar de la Palabra de Dios;
copiar y practicar
su intocable Evangelio.

Desperté, oí:

¡Qué empiezo del Mensaje,
el juzgar al Elegido!

Pues si lo sigues,
le ves el pesar,
siempre el mismo.

Puede que se exceda más, a veces,
en el que no es merecido.

Pero volvemos atrás,
y ya ves lo comprendido.

Si lees los Evangelios,
verás que Dios deja al sano
y va buscando al enfermo.

Nace pobre
para dar el buen ejemplo.

Que Él no prefiere al rico,
porque rico pudo serlo
el tiempo que de Hombre Lo vieron.

Ni lo prefiere ni lo desprecia.

Quiere que sirva de árbol
dando cobijo al que llega.

Entonces, todos ya cumplen
sus Palabras en la Tierra.


***

Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - C2