martes, 28 de octubre de 2014

El Amor de Dios tiene brotes

En Sueño Profético decían:

El Amor de Dios tiene brotes, hace tallo y enreda, enreda para que otros también se vean con este brote de Amor.

Dijo uno:

No hay Amor que a Dios sienta y quiera que este sentir sea para él sólo. Al que tenga este sentir, ya lo obliga Dios a que lo enseñe. Por eso no hay a quien enseñen Aquí y luego quiera tener para él sólo esta Enseñanza o se la dé con preferencia a otro. El que su Saber es enseñado por espíritus de esta Gloria, no manda en su Saber, ni puede negar su Enseñanza cuando el hombre quiera saber. Ha habido, de Profetas, más que supieron de ellos los de más lejos, que los de más cerca. El Profeta no prefirió a los de cerca, admitió a los de lejos que amaban y lo buscaban; que amaban a Dios y querían oír su “Palabra Diciendo”. Dios habla en el hombre, pero la fuerza de su Palabra hace que vean que es Dios el que dice y manda. El “dice” y el “mando” del hombre tienen tal diferencia de los de Dios, que nadie podría tener engaño diciendo: “Dios me lleva a su Gloria y me enseña para que yo enseñe”. Esto de no ser verdad nadie lo diría, y el hombre sabe fijo que él lo descubriría.

Otro dijo:

El hombre, cuando quiere ver Verdad en las Apariciones, en los Místicos y en los Profetas, verá que éstos quieren comunicar Visiones, Apariciones y Mandatos que les den, pero si aquí no hay Verdad, no pueden seguir.

Desperté, oí:

El hombre siempre sabe la Verdad,
y la verdad es que no quisiera
que la Verdad fuera.

Al revés del que Aquí traen,
que quisiera que este Amor,
todo hombre lo sintiera.

Y que de este Amor tan grande,
fábulas el hombre hiciera.

Que si eran con Amor,
Dios no se enfada siquiera.

Porque el gran Amor se pasa
las reglas de la frontera
que pone aquel que no ama.

El Amor puede decirte
que no es alta la muralla.

El Amor, cuanto más Amor,
te salen versos o fábulas.

Pero viniendo de Dios,
¡qué importan ya las Palabras!

Con tu Amor Dios ya te da
que tú administres Palabras.

Que estas Palabras son Gloria
en mil formas pronunciadas.


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - C4