martes, 18 de mayo de 2010

El Milagro de La Sed - Libro 91 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo XIII - Pag. 63-64


En Sueño Profético vi a un hombre, era en el campo. Se veía en sus andares que iba sediento y el agua iba buscando. Se acercaba a sitios que antes corrió agua o a veneros que en otros tiempos pasó y tenían agua, pero hoy estaban secos. Se vio como un pilón y dos fuentes sin echar agua, pero el pilón aún conservaba como un palmo de agua. Metía el brazo en el pilón y cogía agua con su mano, pero al llegar a la boca, abría la mano. No la bebía por estar turbia. Él pensaba: “¿Me hará daño?”

Ya dijo uno:

Esta imagen que se ha visto, a mí me ocurrió: Yendo yo un día sediento por el campo, se acercó un caballista, y ofreciéndome sitio en su silla, y arrimando el caballo a una piedra para poder yo montarlo, dijo:

-¡Suba!, que yo le daré agua para la sed y refugio para el invierno y el verano.

No dudé de sus palabras y obedecí, y la sed me hizo el Milagro de vivir en algún sitio que de Dios siempre se estuviera hablando. Allí llevé a la mujer y mis hijos, a vivir como en palacio. Fue el Milagro de la sed y el ir el agua buscando.

Desperté, oí:

¡Quién sacaría en su andar que sediento iba en el campo!

Tienes que pensar en Dios para ir tu mano dando.

Y tener ganas de agua, y ya vas el agua buscando.

Pues figúrate, si tienes sed de Dios, cómo no buscar sus Palabras donde digan: “¡Me habla Dios!”

O no te sientes sediento, o no crees que es Vivo Dios.

Cuando te den sus Palabras claras, frescas y con Amor.

Si aquí le haces desprecio, no digas: “Yo creo en Dios”.


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