lunes, 10 de mayo de 2010

Te falta querer al hijo - Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - Pag. 239-240-241


En Sueño Profético decían:

Si quieres tener contacto Aquí, pon a Dios lo primero ahí. Si a Dios no quieres primero, no puede oír tus ruegos.

Yo siempre recomendé, cuando pisaba la Tierra, (más que a nadie, a las madres), que antes que al hijo, a Dios quisieran.

Mis palabras no podía detenerlas cuando oía a una madre decir:

“Yo creo que la Virgen no puede enfadarse porque diga que a mi hijo lo quiero más que a nadie, porque mi hijo es mi carne y lo que a él le duela, a mí más me duele que a nadie”.

Yo pronto le contestaba:

Cuando tu hijo se enferme, (ahora de carne, y cuando sea hombre, de espíritu por el Camino de Dios haberlo dejado), tú no podrás llamar a Dios ni mojar pañuelo con lágrimas como lo mojé yo cuando el pecado a mi hijo arrastró.

Con lágrimas y sin lágrimas, siempre a Dios tenía presente, más veces, sin que las lágrimas agua a mis ojos dieran.

Mi sufrir, más que por mí, era por Dios, porque Él era el Padre Eterno y lo quería más que yo.

Desperté, oí:

Si a Dios no quieres primero que al hijo, te falta querer al hijo.

Yo hacía mi Oración y metía a las madres para que siempre tuvieran Presencia de Dios delante.

Si sufres con su inocencia, cuando su carne enferma, no tiene comparación el sufrir cuando ves que el pecado lo amarra.

Cuando le pudo al pecado, más que yo sufría él, cuando oía y no quería oír lo que el arrepentimiento, sin palabras, le decía: “¿Yo podré ser perdonado?” Esto lo supe por él.

Cuando ya lo vi de cerca buscando a pecadores, mis ruegos a Dios, aún eran mayores.

Primero llamaba a Dios, luego pensaba en las madres que cómo querer al hijo antes que a Dios.

Yo sufría porque Dios tenía más sufrir que yo.

Mi sufrir Dios lo premió, con que yo viera a mi hijo buscando al pecador.

Mi nombre mandan que dicte.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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