miércoles, 19 de mayo de 2010

Lo que admira el literato - Libro 81 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo VIII - Pag. 86-87-88


En Sueño Profético hablaban de la resistencia del hombre a no darle preferencia a la Palabra de Dios, que antes de hacerse Hombre hablaba por los Profetas. De Hombre habla Dios Padre en Él, y Le dan el nombre de Profeta, y hoy sigue hablando como si siglos no hubieran pasado desde que Él mismo anuncia su Nacimiento. Pues a pesar de que, después de su Crucifixión, Le han visto muchos –porque Él se ha manifestado de la forma que ha querido, por ser Dios Único en Poder y Sabiduría-, el hombre sigue día a día con más desprecio a este Dios.

Dijo Tomás de Aquino:

No puede el hombre comparar, nada de lo que hay escrito en Teología, con estos Escritos. Ningún Elegido puede ponerse a comparar con esta abundancia de Temas, riqueza que el hombre está despreciando por darle preferencia a su corta inteligencia, que pone su vanidad en contra de Dios y perjudica al que debe aprender este Evangelio Viviente.

¡Cerebros de hombres cultos, que de moho los tienen llenos por no servir a este Dios y por no hablar de este Cielo!

¡Teólogos que tuvieron y tienen en sus manos estas Sentencias que Dios manda que el hombre pregone!

¡Literatos que admiran la literatura, a la que deberían cambiarle el nombre, llamándole: “Textos con falta de cultura, con falta de buena enseñanza, palabras que son silvestres, que hacen daño al oído y te reflejan al hombre con el espíritu sucio! ¡Palabras que te hacen daño como pocilga que hueles!”

Esto es lo que admira el que se dice literato y el que cree que entiende.

Desperté, oí:

No estoy muerto para el hombre
que sabe que existe Dios.

No estoy muerto para el hombre
que mis Escritos piensa
y mi nombre no olvidó.

No estoy muerto para aquel
que sabe que Dios creó
al hombre inmortal.

Yo estoy vivo porque los muertos
están vivos en la Eternidad.

TOMÁS DE AQUINO


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