sábado, 8 de mayo de 2010

La calle que negaron a Dios - Libro 28 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo V - Pag. 82-83-84


En Sueño Profético se vio una calle, que no podías decir ancha ni tampoco estrecha. La calle tenía pena, y la gente que se vio referían una escena que en vida del Maestro pasó, que este Maestro era Dios pisando Tierra. Ya dijo un hombre con aspecto de haber terminado la faena:

Esta calle cogió lágrimas, queriendo el que las echaba tener remedio. Esta calle (y otra vez se vio la calle) la pasó Dios Hombre varias veces, para que luego, después de su Muerte, más la lloraran, pensando, el que a Dios Le dio desprecio o creía que mucho Le daba, ver que ya el Maestro no pasaba. Pasaba y estaba, pero ya sin Cuerpo.

Vivía una familia, que siempre estaban disgustados por Hacerle servicio al Maestro. El Maestro lo sabía y les guardaba el secreto, hasta que después de su Crucifixión ellos mismos lo dijeron con ansias y pena por no servir al Maestro.

Desperté, oí:

Esta familia negó hacer servicio al Maestro. Cuando pasaban los Discípulos, a dos chiquillos que tenían de diez y doce años les tenían advertido que dijeran: “No hay nadie, estamos solos”.

Un día, estas palabras fueron dichas al Maestro. Y todos oyeron decir:

Ya tienen puesto el castigo. Después de mi Crucifixión, saldrán ellos mismos a la calle a decirlo.

“Le negamos el Servirle y negamos nuestros cuerpos”.

“El sueño se nos ha ido y ha ocupado el sitio el remordimiento”.

Cuando pudieron, negaron. Y cuando quisieron, Dios Hombre ya no estaba en el suelo con Cuerpo.

“La calle que negaron a Dios”. Este nombre en el pueblo le pusieron.


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