sábado, 20 de febrero de 2010

Luz para el espíritu - Libro 53 - Te Habla el Profeta - Tomo VII - Pag. 219-220-221


En Sueño Profético se veía una Luz grande, tan grande, que creías que la mañana ya no estaba, que era el medio día. Intentabas ponerte de pié y no podías.

Ya se oye el Mando de Dios en un espíritu de su Gloria:

Esta Luz es Luz para el espíritu. El cuerpo aquí no tiene poder ni mando. Que ésto es lo que muy pocos creen, aunque los veas adorando a los Santos.

¡Es lástima que este Caso hoy único lo tengan como en reserva, para cuando llegue uno y se haga dueño! Entonces cambiaran lo que ellos crean que tiene más altura.

Aquí, los que están unidos, tienen justificantes para hablar de lo que Dios manda y que no callen. Esto ya es alegría, pero con peligro, si el Mando de Dios no se cumple. Aquí no se pide nada que diga el hombre, se pide el Mando que da Dios.

Decían en el Arrobo que no hacer el Mando que Dios da al Elegido es porque no creen que Esto sea verdad. Y aquí es cuando Dios pone el silencio.

Este Elegido ha sido perseguido como todos los que Dios ha traído a su Gloria, para que sea Enseñanza sin intermediarios. Esto es la Palabra de Dios dicha en un Lugar, que su nombre es Profeta.

Desperté, oí:

Da mando sin miedo, porque el Mando es de Dios, antes dicho y hoy diciendo.

Aquí el silencio a Dios enfada, una vez que tienen documentos que todos pueden ver.

También decían en la Gloria estas Palabras que muchas veces Dios ha dicho y se han dictado.
“Que Me ves dilo, publícalo. Que el Mando es dicho de mi Padre en Mí”.

La grande documentación que aquí hay no puede presentarla nadie.

La cantidad de Libros que hay para hacer, da que pensar: “¡Qué bueno es Dios, que su Palabra, durante más de cuarenta años, todos los días espera que el hombre le dé publicación!”

A este Elegido no le cansan los desprecios, porque más ve el Poder de Dios.


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