viernes, 5 de febrero de 2010

Yo tengo que morir, pero mi espíritu no muere - Libro 50 - La Palabra del Creador - Tomo V - Pag. 136-137-138-139


En Sueño Profético decían:

Al que Dios trae a su Gloria, el que cree en Dios, algo le nota en la forma de aceptarlo todo, en practicar la Paz, en querer que el hombre no se haga esclavo queriendo lo que feliz no lo va a hacer.

Dijo un espíritu con Mando de Dios:

Esta Enseñanza que de Aquí lleva este Elegido, si se aprendiera, costaría trabajo el hacer algo mal hecho.

Esta Enseñanza es para vivir pensando: “Yo tengo que morir, pero mi espíritu no muere y tengo que entregar cuentas de todo el bien o el mal que he hecho en la Tierra”.

Recordando esta Eternidad, ¿para qué quieres lo que ahí se va a quedar?

Esto es vida de esclavos, que retira la Paz. Y donde no hay Paz, Dios no puede estar ni dar Mando.

Si estos Libros fueran leídos para enseñar a niños, jóvenes y ancianos, el mundo tendría grande cambio.

Decían en la Gloria, que cantante no es el que quiere. Éste nace ya, como nace el rubio o el moreno. Pero enseñar a tu espíritu a que viva la Ley de Amor a Dios, esto todos podrían aprenderlo si se enseñara como a andar y a hablar, y por último, a comer con cuchara. Esto, hasta dejar de ser niño de cuerpo, porque de espíritu se puede seguir siendo niño para no perder la Gloria.

Los jóvenes, con esta Enseñanza, odiarían el pecado que, tiene el mundo, de Dios retirado.

A los ancianos, Esto les sirve para dar consejo a los que no son ancianos.

Desperté, oí:

Va el Mensaje, a que hay que enseñar esta Palabra de Dios que tanta falta hace.

Nombraban al Elegido que Dios trae a su Gloria para darle Enseñanzas, porque que el mundo estaba copiando al animal.

Con la grande diferencia de que le animal queda muerto cuando muerto está.

Y el hombre, cuando lo ves muerto es cuando vive Vida de Eternidad.

Que esta Eternidad es la Gloria.

O “Profundidad”, Inferno, que también es eternidad para el espíritu que tuvo el mando de Satanás.

Se ha comparado al hombre con el animal, para que el hombre piense en esta grande Verdad.

Podría el hombre cambiar, si pensara que tiene dos vidas: Una, temporal. Otra, eterna.

En este arrobo también decían que en los Libros no se tuviera descanso, en hacerlos y presentarlos.

Los prólogos que llevan estos Libros, la mayoría no los esperan.


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