jueves, 4 de marzo de 2010

El Cerro - Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - Pag. 200-201-202


En Sueño Profético vi un monte muy alto y un hombre lo bajaba. Se vio el mismo monte, pero por la otra falda, y un hombre lo subía y nos daba su espalda.

Dijo uno:

Estos dos hombres empezaron a subir el cerro el mismo día, y en el mismo momento. Uno, ya lo bajó, otro aún lo está subiendo desmadejado y su hablar sin aliento. Pues no podrá llegar más arriba de un metro, porque cuando mueve un pie, a Dios Lo nombra ofendiendo. El otro, que ya bajó y bajaba sonriendo cuando me daba la espalda, también se oía su contento, llevaba su canturreo ahuyentando pensamientos que a Dios quieran Ofenderlo. Pues, cuando los dos se juntaron, aquél que se vio primero, tenía sufrir de llorar, pero sufrir de lamentos, pero como sentía a Dios, derecho subía el cerro y contento lo bajó. El otro se quedó atrás y de éste se perdió, porque el sufrir de la vida le culpaba siempre a Dios. El que iba delante, más de una vez se paró y sacando grandes fuerzas, porque se las daba Dios, lo llamaba y le decía: Esto es poco y pasó, en llegando casi arriba ya ves la Mano de Dios y la bajada es a prisa y trabajo se olvidó.

Desperté, oí:

Esta subida del cerro
y bajada de éste mismo,
es la vida y la muerte.

Pues, siendo los dos lo mismo,
y el primero más sufrido,
éste se mete en la Gloria
y la pierde el segundo.

Era nada más el verlos,
y yendo por un mismo camino,
uno repartía Paz,
del otro salían bichos.

Bichos en contra de Dios,
nombrado por Dios: malditos.

Era ver a un solo hombre,
los demás van escondidos.

Este cerro, el subir,
era la vida corta y Bendita.

Esta, era del primero.

Al segundo le era dura
porque ya vivía Infierno.

Si con Dios subes el cerro,
no lo subes, y sí haces
dos bajadas y dos contentos.


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