martes, 16 de marzo de 2010

El traje del Amor a Dios - Libro 80 - Investigaciones a La Verdad - Tomo XIII - Pag. 20-21-22


En Sueño Profético se vio mucha gente. Ninguno era igual. Si tu mirada parabas algo veías que a uno faltaba y a otro sobraba. Esto era en los cuerpos, en la materia.

Ya dice uno:

Los cuerpos no pueden ser iguales. Pero el espíritu, amando a Dios, todos son iguales. Todos piensan en la muerte a sabiendas que es Vida Eterna con Dios.

Estando oyendo estas palabras se vio un cementerio y una voz salía con eco, por encima de los cipreses, con estas palabras:

Por mucho que cuides el cuerpo, cuando lo abandone el espíritu su sitio es el cementerio, casa triste donde cada uno tiene su armario para meter el traje que ya no sirve. Que por buen armario que le compres, el traje acaba roto y sucio.

Los espíritus que amaron a Dios obligaron a su cuerpo a llevar uniforme con recato y pudor, y la cara contenta dando gracias a Dios porque al pecado despreciaron.

Desperté, oí:

Decían en la Gloria que el cuerpo nadie podía remediar cómo era.

Pero que el espíritu, si lo visten con el traje del Amor a Dios, eran más que gemelos, todos iguales.

Aquí es todo despreciando títulos, dinero y cargos.

Que todo hace falta en la Tierra, pero una temporada mientras dura la materia.

Que por culpa de esto nombrado, la mayoría de los hombres pierden la Gloria.

Ten siempre presente al cementerio y al ciprés.

Esto, para que cambies mañana, si así no pensabas ayer.

Hay tres sitios para tu cuerpo y espíritu.

Para el espíritu dos, para el cuerpo sólo uno: cementerio, armario triste donde se guarda el traje que ya no sirve.

Los dos del espíritu son: Gloria con Dios, o Infierno, casa de los demonios.


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