jueves, 25 de marzo de 2010

Enseñanza de Amor - Libro 63 - Investigaciones a La Verdad - Tomo X - Pag. 141-142


En Sueño Profético decían:

¡Qué triste tiene que ser vivir sin sentir Amor de Dios!

¡Qué triste tiene que ser que te lleguen sufrimientos y no sientas el Amor de Dios, porque en tus alegrías de la Tierra nunca nombraste a Dios!

Sigue el Mensaje un espíritu de la Gloria:

Yo cuando vivía mi cuerpo, el Amor de Dios que yo sentía era mi mayor alimento. Las alegrías que me llegaban las agrandaba y los sufrimientos los achicaba. Ya contaré como era mi vida:

Mi mujer murió en casa de mis padres y dos hijos me quedaron, uno con ochos años y otro con seis, pues mis padres los cogieron como hijos pequeños. Fue morir mi mujer y ya no salieron de la casa los niños, porque querían mucho a mis padres. También los padres de mi mujer vivían y tenían más ingresos que los míos, pero mi mujer prefería a mis padres antes que a los suyos, porque los míos decían: “Hijo el amor que tu mujer deja cuando se viene a la casa se ve que es Amor de Gloria”. Pues este Amor cuando murió dejó de herencia. Los niños decían: “Nosotros queremos estar aquí porque no nos riñen y nos dan regalos y porque nuestra otra abuela dice que somos muy malos y nuestra madre llora”.

Desperté, oí:

Todo el Mensaje era hablando del Amor de Dios.

Decían que el sentir el Amor de Dios era tan grande, que donde faltaba Amor se cambió por otros padres que lo tenían.

Cuando supieron el trato que mis padres le daban fue criticada.

Ella decía: “Para mí es primero el que más ame a Dios. Que esto es lo que mis padres nunca han sentido. Pero Dios me ha dado lo que yo mucho he pedido”.

Esta era su petición. “Señor, si mi cuerpo muere, que mis hijos se los lleven donde Te quieran”.

Esto ha sido una Enseñanza de Amor para el que quede con hijos y falta la carne que Dios unió.


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