sábado, 13 de marzo de 2010

Grande Filosofía - Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo II - Pag. 35-36-37

En Sueño Profético hablaban hombres que habían sido en la Tierra de una cultura grande. Eran hombres que amaban la grande literatura. Eran hombres que escribieron mucho y daban valor a lo que el hombre le decía feo, a lo que el hombre no sabía buscarle el sentido de lo dicho o de lo feo. Pues estos hombres hablan en Gloria y ahora están diciendo. Dijo uno de los grandes literatos de un oriundo pueblo:

Yo me pasaba días y días yendo buscando a lo feo, porque de lo feo yo sacaba lo que nadie estaba viendo. Me paraba con alguno para preguntarle y yo seguir escribiendo, y me hablaba según el tema que él conocía. Había veces que este hombre me nombraba a Dios con una filosofía, que yo siendo el escritor, de este aldeano aprendía. Lo mismo te decía la moza, que la tía Joaquinica, que te ponía la mano en el hombre y en su casa te metía, llamaba a la mujer con empaque de señor que sabe que le obedece, no porque sea inferior, que obedece la creencia que los dos tienen en Dios. Ya salía la mujer, y este era el saludo: Dios os guarde, yo estoy con mi hombre, ya está la mesa puesta. Bueno, saqué sólo el pan y el vino, pero como lumbre tengo, atizono y ya está frito. Ayer se mató el cochino, y hay carne por todos sitios, y no sé qué hace Dios, que nunca nos falta trigo. Las dos vacas tienen leche, que vendemos, y mis hijos todo el día van y vienen a un cacharro que les pongo en aquella cantarera a la altura de su frente, y después que dan el trago, dan gracias a Dios y padres. ¿Puedo pedir más a Dios con todo lo que Dios me hace?

Desperté, oí:

Aquí sacaba yo un tema
de grande filosofía.

Aquí me gustaba estar
porque a Dios allí veías.

Yo escribía las palabras,
tal como se las oía.

Y hacía unos escritos
de alta literatura.

¡Qué más daba la gramática,
si las palabras de esa altura
te tapaban ya las faltas!

Por eso estos Escritos
tienen que formar escándalo.

Si el que los lee es de Dios
o di es gran literato.

¡Qué lástima que haya habido
entierro de veinte años!


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