sábado, 17 de abril de 2010

Amor vivo por dentro - Libro 91 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo XIII - Pag. 45-46


En Sueño Profético decían;

El rebose de amar a Dios no puede tener escondrijo.

El Amor a Dios le puede a todas las tentaciones que en contra de Él te vengan.

El Amor a Dios ya te va haciendo Milagros.

Dijo uno:

El que dentro lleve Amor de Dios, es porque ya lo pidió él antes con su forma de vivir. Porque Dios ama a los hombres, pero no les da su Amor como hace con el día y la noche, con el agua y el Sol. Esto es la vida. Él, su Amor lo da, como ya lo nombrado, pero aún con más fuerza. Donde llega este Amor, no hay duda que deja contagio, contagio de Amor a Dios. Y después, estas palabras se van multiplicando, y ya se habla de Dios, que es lo que al hombre le está faltando.

Había una mujer en Betania, conocida por "la mujer que te paga el Amor a Dios". Tenía marido e hijos, y el marido se casó con ella por buena, más que por presencia material. Éste no amaba a Dios antes de casarse, pero "la buena" le hacía pensar en un hogar con Paz, que era la ilusión de este hombre. Pues de este hombre se oía por donde iba:

¡Me ha contagiado el Amor a Dios! Pues yo ya hablo más de Dios que ella, por mi profesión -era tratante de ganado, y siempre tenía que estar hablando-. Me pongo a hacer un trato, y me salen las Palabras: "¡Dios nos dará el pienso en la lluvia! ¡Dios querrá que se le quite la epidemia al ganado!" -cuando me hablaban de enfermedad en los animales.

Él siempre hablaba en sus tratos más de Dios que del trato, y acababa diciendo:

¡Es mi mujer la que me ha contagiado! Vamos a casa a comer, que ella como entren de Dios hablando, ya está echando el mantel y comida a la mesa llevando.

Se vive con tanta Paz, cuando siempre de Dios se está hablando, que te quita de hacer mal, aunque sea de pensarlo.

Desperté, oí:

"La que contagia el Amor a Dios", le decía cuando la veían por la calle o sentada en su puerta cosiendo con otras que también iban.

Ella, de un pantalón viejo, si pedazo nuevo había, le sacaba uno nuevo al niño de la vecina.

Siempre estaba su puerta, cuando tiempo de sol hacía, llena de madres y niños.

Cuando al marido le decían: "Siempre tienes a flor de labios la palabra Dios. ¡Da alegría estar contagiado!", antes contestaba él que el pensamiento:

"No soy yo. Es mi mujer, que me ha entrado a Dios tan dentro, que ya no podría vivir sin tener este contento.

Es la Palabra de Dios el principal alimento.

Lo que hacía esta mujer, todos pueden hacerlo.

Lo que tienes que tener, es el Amor vivo por dentro.


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