domingo, 18 de abril de 2010

Profeta y Místico - Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - Pag. 23-24-25


En Sueño Profético hablaban del Mando de Dios, y cómo el hombre recibía su Mando.

Hablaban de hombres que fueron conocidos por sus actuaciones sobrenaturales, y el mal pago del hombre. Antes de conocerlos, ya ponían un "no" lleno de ira y soberbia, poniendo comparaciones cada uno a su manera.

Nombraban lo Místico y comparaban con el Profeta. Decían:

El Místico nunca puede enfrentarse con Teólogos u hombres de letras, porque no tiene Enseñanza de Aquí, ni lleva Mensaje del Cielo a la Tierra. Todo es justa medida. Si allí llama y no abren la puerta, él ya no llama más, porque Mando no lleva.

El que Dios elige para su Enseñanza llevar y enseñar, a éste no le importa que esté la puerta cerrada, porque a fuerza de dar golpes ya la abrirán. Y su alegría grande es poder conversar con hombres que se asuste de ellos la Universidad, con Teólogos que vean que Esto baja del Cielo, que la Tierra, con su saber, lo ensuciaría.

Este Lugar, su fuerza, de la Sabiduría que Dios pone, confunde al que no ama a Dios, aunque él se crea que Lo ama. Si Lo ama, sabe la fuerza que tiene el Amarlo. Y si a esta fuerza Dios le da Mando, ¿cómo callar?

El que esto piense, está albergando una barbaridad más grande que pensar el hombre el mar secar.

Desperté, oí:

Debía de poner el hombre
asignatura primera:
el saber las escalas
cuando Dios elige en la Tierra.

No va tanto adelanto,
ni tanta siembra de carrera,
que cada día esté más analfabeto
para comprender
lo que Dios manda a la Tierra.

Que estudie al Contemplativo,
al Místico y al Profeta,
al que Dios le da el Premio
que Apariciones tenga.

Una vez que haga el estudio,
ya verá la diferencia.

Pero ninguno es culpable
de la actuación que le veas.

Eres tú el que te olvidas
que de esa vida pasas a Esta.


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