jueves, 8 de abril de 2010

Dios el mal lo deja anclado - Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII - Pag. 144-145

En Sueño Profético vi mucha gente. Y uno dijo:

Estos son espíritus sin materia. Estos dejaron ahí el cuerpo. Estos hacen servicio a Dios en adoración y en ruegos.

Este es el vivir de la Gloria que después de muerto (como ahí dicen) pasas a Aquí, si el tiempo que ahí estuviste vivo tú mismo hacías revisión a tus hechos. Si fueron como el que come y no mastica o como el que paladea antes de comer. Si pasaste algún tiempo sin acordarte de Dios o tenías su recuerdo como lo tuvo el mal ladrón. Esto hay veces que empieza en secreto, como el robo, y luego el Poder de Dios hace que el pecado lo vean como a la Luna y al Sol.

Desperté, oí:

No puede ser perdonado el que ahí esté viviendo y a Dios vaya desafiando.

Que en el desafío hacia Dios, Dios el mal lo deja anclado.

Qué diferencia hay en decir cuando tú vengas a Aquí:

-Yo a Dios quité los clavos.

A decir en tu agonía:

-¡Cuánto perseguí yo a Dios, que aún tengo rebeldía por no moverme de aquí, porque me faltan las fuerzas para seguir pecando!

¿Quién va a decir: “Dios, perdona”, por ofrecerle, cuando pisó la Tierra, al hombre la Gloria?

En este Arrobo tuvo parte el Amor de Mónica de Agustín, que está en espíritu rogando en la Gloria a Dios.


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