miércoles, 7 de abril de 2010

Mi Mando es como la luz del día - Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX - Pag. 109-110


En Sueño Profético decían:

Queriendo seguir a Dios tienen que aceptar las palabras que el que Aquí Dios trae les dice que hagan. Queriendo seguir a Dios nunca el mandar te cansa, y ya sería sufrir si el mando te retiraran. No hay alegría mayor que al Elegido acompañar y decir “esto lo hago yo porque sé que Dios lo manda”. Que más servicio hará el hombre que reciba mejor paga.

Dijo uno:

Un día, yendo Jesús atravesando una plaza para ya salir a las afueras del pueblo, se acercaron dos y yéndose para el Maestro Le preguntaron:

-Maestro si Tú mandas y tu Mando no lo cumplen, ¿les sigues aún mandando?

Todos esperaban respuesta y respuesta escucharon:

-Yo cuando mando es porque mi Padre ya ha puesto en Mí el Mando, y ya, al que Yo mando tiene que hacerlo. Pero Yo sé cuando mando el que recibe alegría por decir que Yo le mando, o el que va haciendo con peso y con trabajo lo que muchos quisieran hacer. Pero mi Mando es como la luz del día, que aunque el hombre quisiera, no la puede oscurecer. Y al que Mando de Mí le llega, el Mando tiene que hacer. Que Yo ya mando al hacer, no al que me lleva el Mando. Y tantas veces mi Padre en Mí mande, de Mí oirán el Mando. En cambio, los que viven para mi Mando, Yo ya les mando a ellos y detrás llevan el Mando.

Deserté, oí:

Fue en medio de la plaza donde aquel día enseñó el Maestro a que aprendieran si Él mandaba otra vez al que el Mando contento no hiciera.

Ya cada uno pensó: “¿soy de esta forma mandado?”

Según veías los rostros, secretos iban destapando.

Y más de una vez se oyó: “Maestro, mándame siempre a mí y no le mandes al Mando, porque yo quiero decir que el Maestro me ha mandado”.

Esta es la mayor prueba de saber que eres amado.


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