martes, 27 de abril de 2010

Sufrimiento del hijo - Libro 81 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo VIII - Pag. 125-126-127


En Sueño Profético decían:

Hay sufrimientos tan grandes, que antes de que lleguen, sólo el pensarlos, quitan la vida. Estos son los sufrimientos que más se esconden si no das con quien comprenda tus lágrimas, que quedan dentro hasta que Dios las saca y ya el sufrir se acaba.

Dijo Mónica de Agustín:

Yo les digo a las madres, que cuando el niño eche a andar, que esta Oración no les falte:

"Señor, que mi hijo llegue a hombre,
y que sea un niño grande,
y que del pecado huya
como la fiera en el monte
cuando el disparo oye".

Esta es la Oración para el hijo, ahora dicto la de la madre:

"Señor, por mucho sufrir que me llegue, mándame castigo antes de que manche tu Nombre. Lo que Te pido, Señor, es que yo siga a la Madre Virgen, que fue el primer Sagrario que Dios Padre elegió para el Hijo, y que mi Oración sirva para las madres".

Desperté, oí:

Como el sufrimiento del hijo, no hay sufrimiento mayor.

Pero, cuando deja de ser niño, este sufrimiento tan solo lo quita Dios.

Yo, con los días hacía cadena en la noche y mis pañuelos mojaba al pensar que Dios sufría por él para que el pecado abandonara.

Pues cuando Dios me concedió que el pecado lo soltara, le veía cuerpo de hombre y espíritu de niño, como cuando lo acunaba.

Era que ya había llamado a Dios, en sus noches solitarias.

Esto él fue el que lo dijo, pero sin poner palabras.

Fue buscando pecadores, y su vida primero les contaba.

Luego, salía mi nombre, el de madre, que si eres madre amando a Dios, no hay quien sufra más, primero, por Dios, y luego, por tu hijo, por si perdiera el Reino de Dios.

Ahí consolaba a las madres, y Aquí estoy en Oración.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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