martes, 20 de abril de 2010

Amando a Dios, lo que te llegue es lo mejor - Libro 54 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VII - Pag. 95-96-97


En Sueño Profético hablaban de querer a Dios, de pedirle y de aceptar su contestación. Pues aceptado lo que te llegue, será lo mejor, aunque tú, mejor, no lo veas.

Dijo uno que siguió a los Discípulos de Dios Hombre:

“Yo aprendí tanto de los Discípulos, que ya no podía tener amistad con el que vivía sin nombrarlos”.

“Ellos decían, que para seguir los Pasos y Palabras de Dios Hijo –Maestro para ellos-, tenías que Amarlo tanto, que tenías que aceptar contento el que te negara el pedir que tú esperabas, diciendo: “El Maestro me lo ha dado”.

Se vio el campo y una casa más bien vieja, y cabras y corderas como protestando con voz de animal, pero buscando al que las guardaba. Llegó una mujer con dos niños de la mano: uno de ocho años y otro no llegaba a los diez. Éste iba cogido al brazo de la madre. Y al chico, la madre lo llevaba de la mano. Se acercaron a uno de los Discípulos y dijo la madre: “Yo quisiera ver al Maestro, para preguntarle si hago mal con no dejar que mis hijos vean a su padre, que de esto no soy yo la culpable, son mis padres, que nos mantienen y niegan a mis hijos que busquen a su padre”.

Se oyó un tropel de gente hablando con alegría y se vio entre ellos al Maestro. Al llegar donde estábamos, se pararon, y uno de los Discípulos, con Mando del Maestro, hizo camino entre la gente, cogió a los dos niños y con voz alta dijo: “El Maestro os ha venido a buscar. Venid conmigo y ya Él os dará Mando”. Puso la madre a los niños delante de ella y dijo con estas palabras: “Yo, Maestro, Te los doy. Y si he hecho mal, perdóname. Mis padres te ofendían por la vida que mi marido me hacía y hoy me sigue haciendo. Como ellos nos mantienen, mis hijos no pueden ver a su padre ni yo seguir tus Pasos. Pues hay noches que me faltan horas y me sobra llanto”.

Sólo se oyó la Voz del Maestro, pero sin Verlo, con estas Palabras:

“Mujer, con entregarme a tus hijos y ofender a tus padres por defenderme, ya se ve que crees en Mí y aceptas el sufrimiento. Por este aceptar, ya mi Padre en Mí te manda Premio. Mañana cambiará tu vida con tus hijos y con la carne que a ti está unida y que has tenido rota por culpa de tus padres. De ellos retírate, porque este Mando da mi Padre”.

Desperté, oí:

Este arrobo no tiene palabras para el que a Dios no ama.

Dios premia a la madre que entrega a Dios sus hijos por Amor.

Amando a Dios, lo que te llegue es lo mejor, aunque tú no lo veas.

Las corderas balaban buscando y llamando al pastor que las guardaba.

Se vio muy poco al Maestro, pero su Voz se oyó porque puso silencio.


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